Miró el calendario, las
hojas caídas, los meses pasados, las horas perdidas... no le contaban nada
nuevo. Sabía que el tiempo pasaba y que lo inevitable sucedería, se intentaba
convencer de lo contrario, siempre le había quedado un pequeño gramo de
esperanza pero ese martes a altas horas de la noche lo había perdido por
completo. Quizás fue por el recuerdo de unos ojos en los que el tiempo se
detenía, o por el recuerdo del verano del amor, el de los besos torpes y
salados. Una enorme tristeza se apoderó de ella e inundó sus ojos, se perdió
entre las sábanas rosas con olor a vainilla. Sabía que la vida era como un
coche sin frenos, y por supuesto sin marcha atrás.sábado, 18 de febrero de 2012
El tiempo pasa
Miró el calendario, las
hojas caídas, los meses pasados, las horas perdidas... no le contaban nada
nuevo. Sabía que el tiempo pasaba y que lo inevitable sucedería, se intentaba
convencer de lo contrario, siempre le había quedado un pequeño gramo de
esperanza pero ese martes a altas horas de la noche lo había perdido por
completo. Quizás fue por el recuerdo de unos ojos en los que el tiempo se
detenía, o por el recuerdo del verano del amor, el de los besos torpes y
salados. Una enorme tristeza se apoderó de ella e inundó sus ojos, se perdió
entre las sábanas rosas con olor a vainilla. Sabía que la vida era como un
coche sin frenos, y por supuesto sin marcha atrás.
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